POEMA QUE IRRITA A LOS YANKIS
Poema que irrita a los yankis
Javier Dàvila Durand, el poeta más representativo de la amazonía peruana es el autor de este extraordinario poema
PRIMERO LO PRIMERO DE BUSH
I
Primero se habilita en su dios, y dios al fin, santifica su sombra sobre la tierra.
Primero se congrega a si mismo para multiplicarse y ser el único que se ordena.
Primero cae en la cuenta que los otros dioses son perversos.
Primero muestra regocijado la espada negra del cura Valverde
Primero estampa un beso el Atlas.
Primero clasifica unos nombres que luego los escupe.
Primero ahorca a la serpiente y bebe su veneno.
Primero considera que hacer la guerra es hacer la paz.
Primero se desgarra las vestiduras y el pellejo de oso blanco para mostrar su corazón.
Primero dice la oración y el códice de ser un hombre justo como lazarus morell.
Primero avienta una paloma de papel al cielo.
Primero tiene la cortesía de ser el primero en disparar el cañón.
Primero muestra su delicadeza en el arte de desalojar margaritas.
Primero se eleva en la virtud de decir y hacerlo en inglés.
Primero explica que la clemencia es un atributo falaz y más de impertinente para darle vida a la Vida.
Primero agasaja una sonrisa y luego exclama su felicidad.
Entonces se despide para seguir presente.
II
Se yergue el soberano desde su extraña de bisonte
Primero se dispersa en lluvia de azufre.
Primero cae sobre el año del niño de turbante.
Primero se enorgullece de oruga apta en el desierto.
Primero se da gozo y brama en una trompeta: el adalid agobia el aire y el silencio.
Primero dictamina la vanguardia del himno mortal
Primero se pone de pié para encender su cigarro en el sol.
Primero graba la película para desarrollar el negativo.
Primero se saluda de cow boy.
Primero despilfarra la hecatombe y todo lo indescriptible de lo bárbaro, y lo prescripto y lo condenado, sobre una flor y sobre la mirada sonriente delos cadáveres.
Primero establece la gloria de celebrar el vuelo de guadaña del águila.
Primero se mira en el espejo, sabe que es él, intacto,
irreversible, infalible tan siempre,
el que pone el alma en sus plegarias, purísimo intachable,
el que escucha a su dios y a quien su dios escucha.
Y como dios al fin,
santifica su sombra sobre la tierra.

