Jaime vasquez izquierdo, el ultimo sefardi de iquitos
JAIME VASQUEZ IZQUIERDO, EL ULTIMO SEFARDI DE IQUITOS
Por Fernando Najar
El domingo 20 de enero, a las 11 de la mañana, fue sepultado en el viejo cementerio judío de Iquitos el profesor Jaime Vásquez Izquierdo. Fue un entierro modesto, como él hubiera deseado: poca gente, tal vez amigos muy cercanos y familiares directos. Era un día gris y medio lluvioso, no hubo discursos, oraciones, ni rasgaduras de vestiduras cuando descendió su cuerpo en la fosa, ubicada al costodo del sepulcro de David Elaluf; solamente se escuchó el KADISH en castellano, a cargo de David Edery ( hijo de su gran amigo Víctor Edery) y los llantos de sus hijas Sara y Elizabeth. Yo filmaba y registraba gráficas para el recuerdo.
Su primogénito, Moisés, fue el primero en lanzar tres porciones de tierra a la fosa, luego sus demás familiares y amigos no judíos. Todo fue rápido; quizá duró media hora la ultima la etapa terrenal del buen Jaime que dedicó años de su existencia en promover la fe y cultura judaica en Iquitos-Perú y recopilar la singular historia de los judíos marroquíes en la Amazonía peruana.
La noche del sábado 19 estuve en su modesta casa de la quinta cuadra de la calle Brasil. En una pequeña sala con pocas sillas y algunas bancas, bajo una tenue luz amarilla, el extraordinario tenor estaba recostado sobre un simple ataúd crema, con el rostro cubierto y una mortaja blanca, flanqueada por cuatro velas; un cuadro extraño para aquellos que están acostumbrados a la parafernalia que hacen gala los cristianos.
En el transcurso del velorio llegaron cinco protocolares coronas fúnebres, con sus respectivas cruces, que tras ser recibidas atentamente por su hija Sara, fueron ubicadas en un pasadizo oscuro que va hacia el comedor, lejos de la mirada de los asistentes. Por cierto que no todos sus amigos tenían que saber que él profesaba la fe judía. Sara también fue la que hizo el lavado ritual del cuerpo de su padre
El poeta Carlos Reyes, actual Jefe de la Casa de la Cultura de Iquitos, que se encontraba en el velorio junto con el periodista Oscar Olavaria Saldaña, me hablaba del ausentismo en la última despedida de un catedrático de dos universidades y tres institutos superiores. Pero no solo fue la comunidad universitaria, Se ausentaron también los artistas, "los bubinzanos", (movimiento cultural), las autoridades municipales (que le otorgaron la "Medalla de Oro Cívica de la Ciudad" por sus novelas,) los catedráticos, los escritores, los periodistas, los poetas, sus amigos del Café Express y del "Aris Burger"; no hubo nadie del "Matutino", el periódico que publicaba sus artículo; se ausentaron sus ex alumnos, incluso los que aprendieron algo de judaísmo, tampoco asistieron los miembros de la Beneficencia Israelita de Iquitos por quien se desveló años para que no desapareciera. La excepción de esta comunidad fueron Samy Waisselberger, Ronald Reátegui y Jorge Abramnovitz. Claro, después de muerto para muchos era una referencia; será por eso que aparecieron, después de su entierro hasta diez "recordatorios periodísticos".
En los últimos meses con frecuencia le encontraba en la calle Próspero, caminando hacia alguna cafetería. Cierta mañana de julio del 2007 conversamos largamente en una mesa del Aris Burger.Hablamos sobre política, del "sarjento Ballestero", su última novela, y judaísmo. Siempre indagando sobre los loretanos en Israel. Me preguntó hasta en tres oportunidades sobre Yaquelín Levy y de las hermanas Sara y Miriam Bendayán. Le contesté que andaban muy bien, sobre todo Sara que vive en Dimona.
Jaime era uno de aquellos que nunca perdió el entusiasmo por promover el judaísmo en Iquitos. Junto con Víctor Edery reestablecieron en 1991 la Sociedad de Beneficencia Israelita de Iquitos reiniciándose la celebración del Kabalat Shabat, Roshana, Pesaj y Yom Kipur. Por lo menos en dos oportunidades le vi en el Hospital Regional de Iquitos orando por la salud de algún "paisano" como acostumbraba a llamar a los descendientes de hebreos y hace tres años fui testigo de excepción mientras bendecía a dos niñas, Rachel y Fara, que cumplían 12 años; por cierto que tengo buen número de gráficas sobre ese acontecimiento.
Siempre dispuesto a organizar algo que una con la cultura hebraica. En el 2004 fue uno de los fundadores, junto con Yared Edery, de una comunidad denominada Beit Yakov. Era el guía espiritual y ofrecía charlas sobre la Halajá dos veces por semana. Esta organización acaba de extinguirse en forma definitiva y para siempre ante la falta de vínculos para establecerse como una asociación pro judía y por el repentino alejamiento de la organización "Shavei" que inicialmente intentó apoyarla.
Según un testimonio suyo desde los años cincuenta registró, datos, informes, minutas, periódicos, misivas y fotos relacionados con la presencia hebrea. Sabía de memoria fechas, nombres y acontecimientos. Precisamente fue una de las principales fuente de información para l Dr. Ariel Segal Freilich que escribió el libro "Judíos del Amazonas: autoexilio en el paraíso terrenal (1997), el tratado más completo sobre la presencia de los judíos de Marruecos en la amazonía peruana, editada en inglés. Era una especie de enciclopedia viviente y era uno de los pocos que tuvo la oportunidad de conocer a varios hijos de los marroquíes que llegaron a partir de 1890. De ellos hoy no queda más que unos cuantos ancianos.
La última vez que me encontré con él en la cafetería de la calle Napo y Próspero, me confesó su deseo de reestablecer nuevamente el Instituto Cultural Peruano-Israelí de Iquitos, pero no tenía con quién hacerlo.efectivamente,en 1965 él, junto con Warner Levy, Willy Bensaquén Najar y otros, fundaron una asociación Peruano-Israelí de Iquitos que estuvo vigente hasta 1973. Con esa entidad construyeron el muro del actual cementerio. Me invitó para ese proyecto; le dije que no podía, el periodismo me absorbía. Le señale que prefería alejarme de ese tipo de actividades porque en años anteriores fui victima de unos perversos chismes, patéticas calumnias y roñosas difamaciones por parte de algunos oscuros personajes que vivían de la ilusión de cierta gente ingenua y sin origen judía que deseaba salir del país en busca de un mejor futuro en el medio oriente.
Esa mañana le entregue una quipa negra, made in Israel, que le traje, y èl se comprometió escribir una nota para la revista "Loreto Hoy que dirijo. Así fue que me entregó un artículo para la edición Nro 5, titulado: "Perú, un país en vía de extinción". Quedamos en encontrarnos en una fecha determinada para mostrarle un sidur para Pesaj, de unos de 100 años de antigüedad, que perteneció a Samuel Bendayán Azerrat. Poco después me enteré que intentó suicidarse.
Hasta 1990 viví a 150 metros de su casa, por lo que su figura me era familiar. Entre el 70 y 80, era frecuente observarle en su sala con un violín, entonando canciones extrañas. Los que jugaban pelota en la cuadra seis de la calle Brasil decían, mientras le observaban desde su ventana, "que ese señor toca canciones de muertos"; claro no eran de muertos, sino tal vez dulces canciones sefardíes .
Por ese entonces la calle Brasil, era una arteria singular. En la cuadra tres todavía queda la fachada de la familia schulf, en la cuatro vivía la familia de Manfred Waisselberger, el papá de Samy; en la cuadra cinco, don José Asayag; en la cuadra seis, Jaime Vásquez Izquierdo; en la cuadra siete, Josef Waisselberger, y en la cuadra ocho quedan los recuerdos de los nietos de Mauricios Levy. Josef Waisselberger, era un señor de ojos azules que una tarde, mientras jugábamos fúlbito, intento patear la pelota que por casualidad llegó a sus pies; algo pasó, y Josef, que andaba apoyado en un bastón por su avanzada edad, cayó aparatosamente. Para tres debiluchos era imposible levantar a una humanidad de un 1.90 m de estatura. Tuvieron que ayudarnos los demás jugadores para ponerle en pie. Por cierto que el anciano ,de unos 90 años, luego de limpiarse pantalones, siguió caminando, acompañado de su bella nieta Rosita
De modo que yo le conocí mucho antes de 1998, cuando comencé asistir a las ceremonias religiosas de los viernes en la casa de la familia Edery López. El era el Jasan. La voz de JVI era extraordinaria porque nos llevaba hacia sinagogas misteriosas y desconocidas del pasado. En más de una oportunidad sucedía que los visitantes esporádicos, invitados a los kabalat Shabat, quedaban más sorprendidos por la voz del cantor que por la misma ceremonia. Jaime siempre tuvo cualidades de tenor; perteneció al coro polifónico del colegio secundario "Oscar Benavides" en los primeros años de la década de los cincuenta, junto con el ex diputado Orison Pardo Matos. Por Algunos años fue profesor en la Escuela de Música de Iquitos.
Siempre dispuesto a cambiar los esquemas y evitar lo tedioso. Fue uno de los fundadores en los años 60, junto con Teddy Bendayán, Germán Lequerica, Isaías Gómez, Róger Rumrrill, Javier Dávila Durand, Manuel Túnjar, de un movimiento cultural denominado Bubinzana que salió a la palestra para expresar al mundo que el arte amazónico era algo más que un mundo sin movimiento. Según el investigador Humberto Morey Alejo, la irrupción de los Bubinzana significó "Hundirnos en nuestras raíces y dejar de ser simples espectadores de paisajes aurorales y crepusculares de no imitar o reemplazar la cultura popular regional para el gusto de buscadores de exotismo"
Vásquez puso lo suyo como bubinzano como su obra "Río Putumayo", publicado en 1986, bajo el auspicio de la Municipalidad de Maynas. Fue su novela cumbre que pone al descubierto un centralismo pernicioso y antiperuano y resalta el indiscutible patriotismo del loretano en tiempos de la guerra con Colombia en 1933. Después publicó Cordero de Dios I, Cordero de Dios II, que describe el cambio social y urbano del Iquitos de los años cuarenta. Otra obra interesante es Kontinente Negro, que según el Blog literario, "Brevarios" "es una novela tortuosos relatos de una conciencia castigada por la angustia vital. Su última novela publicada se titula La guerra del sargento Ballesteros, en la que encara lo difícil ser patriota en tiempos de guerra. Dejó para la posteridad cinco obras inéditas.
Murió a la 1 de la mañana del sábado 19 en el Hospital de Essalud por insuficiencia respiratoria, tenía diabetes y una profunda depresión. Contaba al momento de fallecer 73 años, 50 de ellos dedicados en dar charlas sobre la cultura hebrea, cantar las canciones sefarditas y promocionar los códigos talmúdicos. Era el último sefardí de Iquitos.
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