jaque a la prensa
¿JAQUE A LA PRENSA?
No voy a poner la mano al fuego por alguien, pero preciso señalar algo en estos días cuando se escucha en las redacciones de varios medios de inicios de querellas a varios periodistas de Iquitos. Fernando Najar
Me contaba un colega que las denuncias judiciales masivas contra los periodistas de la prensa iquiteña se producen en forma periódica. La penúltima se produjo en aquel tiempo de los gobiernos de facto de Juan Velasco Alvarado y Francisco Morales - Bermúdez Cerrutti, cuando cerca de una docena de hombres de prensa, fueron enjuiciados por las autoridades de turno por sus críticas a los desatinos gubernamentales o por alguna ojeriza. Pero también, vale señalar, que por esos tiempos hubo periodistas genuflexos ante los militares, incluso algunos de ellos integraban una oficina de control, de censura, de los libretos de los programas radiales
En tiempos del fujimorato, la persecución era por no comulgar con el gobierno delincuencial del Presidente Fujimori, como también fue la época más negra y asquerosa del periodismo local. Fueron pocos los que no se dejaron sobornar. Eran tiempos cuando los mayordomos del coronel Vargas decían que quienes no aceptaban las fabulosas prebendas, eran unos cojudos. Hoy, esos cojudos, no tienen achaques físicos ni mentales ni están sujetos a hipnosis siquiátricas cada cierto tiempo, es más, no tienen noches de insomnios eternos
De vuelta a la realidad de hoy, las querellas a los periodistas no son por cuestiones de ideología. Los demandantes de hoy son funcionarios públicos, las querellas planteadas son por posibles o supuestos agravios a la honorabilidad de los denunciantes. Ahora no solamente hay querellas ya hechas, sino que existen como diez amenazas a diferentes personajes de la prensa local. La última que se sabe públicamente es la realizada por el Gerente General de la MPM, Rafael Saavedra contra el conductor del noticiario de Radio Karibeña, Manuel Rosas Mattos
Vale entonces hacer algunas preguntas: ¿Qué esta pasando con la prensa local? ¿Será que hoy en día los periodistas se extralimitan más allá de las orillas que señala la libertad de prensa? ¿O será que estamos ante funcionarios del Estado que creen que las críticas al desempeño de sus funciones equivalen a una intromisión en su vida personal?
Si eso piensan los actuales funcionarios públicos, entonces lo que andan buscando son sinrazones y torpezas. Una de las funciones de la prensa es fiscalizar para evitar excesos y abusos por parte de las autoridades en el manejo de la cosa pública o cuando estas hacen mal uso de sus funciones. Todo intento de coactar al periodismo equivale a transgredir los derechos humanos, la democracia y en esencia, la libertad misma.
En ese caso, a los administradores de justicia no les quedaría otra alternativa que desechar en el acto todas aquellas querellas absurdas y tontas que se sustentarían en base de ojerizas personales. Las querellas por "quítame esta paja" podrían tener dos finalidades: infundir temor en el periodista para que abandone su labor de fiscalización e intimidar a la prensa con este método traído de los pelos.
Un ejemplo de sinrazón y de intimidación es el despropósito perpetrado por la Municipalidad Provincial de Maynas contra el ex trabajador edil periodista Fred Pérez, que ha sido inhabilitado para trabajar en la administración pública por espacio de cinco años, por el sólo hecho de inasistir, en el año 2006, 17 veces a su centro de labores. El pecado de Fred, que le ha hecho merecedor de las iras salomónicas, es ser esposo de Carolina Arredondo, periodista opositora a la presente gestión edil.
Ahora, sí los administradores de justicia encuentran elementos de juicio para procesar a los periodistas; las cosas cambian, entramos en otra disyuntiva, francamente difícil de dirimir. Ante este panorama, los periodistas en su conjunto debemos reflexionar, tal vez en la meditación encontremos que es necesaria la autorregulación en el desempeño de la profesión, lo que no es una cura de silencio.
Tal vez con esa reflexión descubramos, también, que las criticas, las acusaciones, las denuncias, los destapes los informes, necesitan hoy en día pasar por una especie de control de calidad, que no es censura, sino la confirmación de lo que se va a emitir esté en el campo de la realidad y veracidad palpable y demostrable; incluso, eso permitiría que la prensa local se vuelva más creíble ante la ciudadanía, una condición que lamentablemente ha perdido hace ya buen tiempo


