Israel, Hamas y la Ley de Causa y Efecto
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El 27 de diciembre, el ejercito de israelí realizo una excursión militar contra las instalaciones del grupo terrorista Hamas que se ha apoderado del territorio palestino de Gaza. Hubo cerca de 300 muertos y cerca de mil heridos. Muchos que desconocen de primera mano este problema han afirmado que el ataque fue algo desproporcionado. ¿Cómo actuaría o reaccionaria por ejemplo el gobierno de la Bachalet (Chile), de Lula (Brasil), de Hugo Chávez (Venezuela) o de Uribe (Colombia) si algún vecino les lanzara siete mil misiles. La respuesta es obvia; pero eso es la cantidad de misiles que han impactado en territorio israelí en los últimos años. Solamente el domingo último cayeron 80 de ellos. De eso la prensa pro palestina no dice nada, nadie habla de la angustia de la gente, no hay quien comente sobre sus muertos y heridos. La reacción bélica es producto del poco entendimiento que hay para solucionar el complejo tema árabe-israelí. De un lado existe la postura fanática e irracional de un grupo para-militar y por otro lado hay el deseo de un estado que quiere la paz para su población que vivió cientos o miles de años perseguidos y asesinados sin misericordia alguna. Esta vez se agotó la paciencia de los israelíes. A continuación la crónica de Rubén Kaplan que nos muestra un plano del porque de la última incursión militar israelí
omingo, 28 de diciembre de 2008 | 17:28
Israel, Hamas y la Ley de Causa y Efecto
La ley física nos dice que a toda acción le sigue una reacción. En el plano metafísico, el axioma se entiende, como causa y efecto.
Por Rubén Kaplan
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El 12 de septiembre de 2005 con una ceremonia simbólica en Neve Dekalim, culminaron 38 años de ocupación israelí de la franja de Gaza, tras la Guerra de los Seis Días. El general del ejército hebreo Dan Harel, comandante de aquella operación denominada "Última Vigilia", arrió la bandera de Israel por última vez en Gaza en el marco de la aplicación del Plan de Desconexión que aprobaran el Gobierno de Ariel Sharon y el Parlamento. En ese acto, el por entonces jefe de las Fuerzas Armadas de Israel, Dan Jalutz afirmó que la entrega significaba el final de la presencia israelí en la franja de Gaza, después de 38 años de lucha contra el terrorismo palestino y de una floreciente colonización judía.
La idea de Israel de entregar tierras a cambio de paz, fue rápidamente desvirtuada.
Apenas se produjo la evacuación de Gaza por el IDF, máquinas excavadoras palestinas, por decisión del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, comenzaron la demolición de la sinagoga del asentamiento de Netzarim. Antes de ello, una multitud de palestinos, incendiaron las sinagogas de los asentamientos de Morag, Neve Dekalim y Kfar Darom, e intentaron destruirlas a martillazos al retirarse el ejército israelí. La profanación de los templos fue calificada de "acto bárbaro" por el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Silvan Shalom. Premonitoriamente, el diputado del Partido Religioso Nacional, Shaul Yahalom, manifestó que los palestinos han demostrado su atrocidad y la Autoridad Nacional Palestina, su incapacidad para impedirlo, además de una total incompetencia.
"Esta es la prueba definitiva del futuro terrible que podemos esperar de los terroristas de Gaza", concluyó el diputado.
El miércoles 25 de enero de 2005, los palestinos realizaron elecciones parlamentarias. El partido oficialista Al Fatah fue derrotado en los escrutinios por el grupo islámico extremista Hamas, que obtuvo una mayoría rotunda en el Consejo Legislativo Palestino de 132 escaños. Inmediatamente después de esos resultados, el Primer Ministro Ahmed Qurei, perteneciente a Al Fatah, dimitió junto con su gabinete.
De esa manera, el partido político fundado por Yasser Arafat, socavado por la corrupción y el descrédito, cedió el gobierno, al grupo terrorista Hamas.
Luego de tres meses de la formación de un Gobierno de Unidad Nacional entre Al Fatah y el Hamas, crueles luchas intestinas se desataron entre ambas facciones. La violencia fratricida incluyó el asesinato de los tres hijos menores de uno de los jefes de la inteligencia palestina leales al presidente Abbas. En Gaza y también en Cisjordania, son una constante, la proliferación de bandas criminales y las rivalidades entre clanes palestinos.
Desde la asunción plena del gobierno en Gaza, el Hamas, el grupo terrorista que niega la existencia del Estado de Israel y que fue acusado por la organización humanitaria Human Rights Watch de cometer crímenes de guerra y contra la humanidad, lanzó más de cinco mil misiles al territorio judío.
Hace poco más de seis meses, Israel y el Hamas, acordaron una tregua ya expirada, que el grupo terrorista nunca respetó.
Los habitantes israelíes de las ciudades de Sderot y Ashkelon que desde hace años deben protegerse en refugios y tienen alterada su vida normal, sufrieron en la última semana una andanada de cohetes Al Kassam y Grad. Más de 80 misiles fueron lanzados en un solo día en un claro desafío y provocación que llegaron al paroxismo cuando los terroristas del Hamas alardeaban que Israel estaba confundido y no sabía cómo reaccionar. Con cruel sarcasmo, declararon que en caso que Israel se animase a entrar en Gaza, iban a secuestrar a una mujer soldado, para que el secuestrado Guilad Shalit pudiese formar una familia.
Es impensable, que cualquier país, a excepción pareciera de Israel, no esté obligado a defender a sus ciudadanos de una agresión externa. La comunidad internacional, alegando razones humanitarias, alza su voz de protesta cuando Israel cierra los pasos fronterizos con Gaza, como reacción a los ataques contra su territorio. No se escucha el mismo clamor cuando los misiles azotan al Estado hebreo.
Después de innumerables advertencias al Hamas para que cesaran los ataques con cohetes hacia su población civil, y colmada la paciencia, en una operación que tomó por sorpresa a los terroristas, por el hecho de haberse llevado a cabo el día sagrado judío de Shabat, la Fuerza Aérea de Israel, en la llamada "Operación Reparto de Plomo" bombardeó el sábado en una acción fulminante, más de 100 objetivos neurálgicos de Hamas, causando hasta el momento 280 muertos y centenares de heridos.
En dos oleadas, más de 100 aviones de combate y helicópteros, arrojaron cientos de toneladas de explosivos y docenas de bombas inteligentes en campos de entrenamiento de Hamas, en sus sedes, almacenes de armas, silos subterráneos de misiles y control de centros diseminados por toda la Franja de Gaza.
Los ataques aéreos causaron pánico y confusión en Gaza. Numerosas nubes de humo negro se divisaban en la Franja. La Fuerza Aérea de Israel dijo que había evitado atacar objetivos próximos a las escuelas y dentro de una alta densidad de edificios de departamentos para no afectar a la población civil.
En respuesta, 80 cohetes Kassam, Grad- modelo Katyusha y morteros atacaron el sur de Israel. Uno de los misiles, impactó en un edificio de apartamentos en Netivot, provocando la muerte de Beber Vaknin de 58 años e hiriendo a varias personas más.
Como era previsible, las Naciones Unidas llamaron a un inmediato cese del fuego. Varios países deploraron la violencia y exhortaron al diálogo entre las partes. Otros si bien fustigaron los ataques continuos de misiles por parte del Hamas, denunciaron hipócritamente la "desproporcionada respuesta" ejercida por Israel. Para el diálogo, igual que para el tango, hacen falta dos. Hasta el momento es un soliloquio de Israel, que ejerce el derecho inalienable de proteger a sus ciudadanos del ataque de los terroristas de Hamas, que prometen seguir "la resistencia hasta la última gota de sangre" y promueven una tercer Intifada.




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LAS MUJERES EN LOS CAMPOS DE TERROR NAZI
Los nazis tenían los judíos como objetivos para la persecución y la muerte. Pero las mujeres, tanto judías como no judías, eran a menudo sujetas por los nazis a una persecución única y brutal.
En Alemania los nazis abrieron campos de concentración (Konzentrationslager o KZ) casi inmediatamente después de asumir el poder el 30 de enero de 1933. Un decreto del mes de febrero abolió la protección constitucional permitiendo el arresto arbitrario. La policía de seguridad estaba facultada para arrestar a cualquier persona y enviarla a un campo de concentración por tiempo indefinido. La policía política conocida como la Gestapo impuso una ‘custodia protectora’ a oponentes políticos entre los que se encontraban gran número de comunistas, socialistas, disidentes religiosos (testigos de Jehová, protestantes y católicos) y judíos. La policía criminal, conocida como Kripo, impuso el ‘arresto preventivo’ a delincuentes y a numerosos grupos denominados antisociales: gitanos, homosexuales, discapacitados, prostitutas y vagabundos. Las SS (Schutzstaffel o unidades de protección) gestionaban los campos con una disciplina militar brutal. Durante la década de 1930 se crearon seis grandes campos de concentración: Dachau, Sachsenhausen, Buchenwald, Flossenburg, Mauthausen y Ravensbrück (este último sólo para mujeres). En 1939 estos campos albergaban a más de 25.000 prisioneros.
El campo de concentración de Auschwitz, situado a unos 60 kilómetros al oeste de Cracovia, Polonia, está ubicado en un paisaje de foresta y pantanos. La S.S., o Schutz-Staffel (elite de la Gestapo) escogieron un antiguo cuartel de la monarquía austro-húngara para situar allí el primero de los campos de Auschwitz, debido a la situación favorable de las vías de comunicación.
Auschwitz es la personificación de las atrocidades del siglo XX. Representa el lugar en donde se llevó a cabo un genocidio planificado y organizado hasta los más mínimos detalles. Las víctimas no fueron enterradas, sino calcinadas. Sus cenizas fueron esparcidas sobre los campos colindantes.
Nuestros recursos lingüísticos no alcanzan a describir todas las crueldades a las que fueron sometidos tantos inocentes: hombres, mujeres y niños, en este lugar de horror. No sólo fueron asesinados brutalmente, sino que miles de ellos murieron de hambre, y muchos fueron obligados a trabajos forzados bajo condiciones infrahumanas, hasta morir de agotamiento.
Lo que hoy en día queda del Campo y sus instalaciones sólo logra transmitirnos ínfimamente el sufrimiento de cientos de miles de personas. Hoy en día nadie que jamás haya estado en un Campo de Concentración podría creer y menos aún comprender las crueldades cometidas por los nazis en Auschwitz.
El complejo comprendía un territorio de 40 kms2, del que también formaba parte un coto vedado muy extenso. Bajo el mando del primer comandante, Rudolf Höss, se empezó a construir en mayo de 1940 el campo, que más tarde se conocería como Auschwitz I, o campo central. Esta primera ampliación estaba proyectada para 7,000 presos y comprendía 28 edificios de ladrillo de dos plantas, así como otros edificios adyacentes de madera. Por término medio, el número de presos ascendía a 18,000. Dos alambradas de espino con corriente de alta tensión cercaban la totalidad de la superficie. En un letrero sobre la puerta de entrada al campo se podía leer, en señal de desprecio y sarcasmo, el lema “EL TRABAJO TE HARÁ LIBRE”
A través de sus vivencias y experiencias, el espectador entra en un mundo de terror: la invasión alemana a Polonia, los primeros embates contra los judíos, la vida en los ghettos, los trenes a los campos de concentración, los trabajos forzados, la crueldad de los carceleros, las ganas de morir, las ganas de vivir, la resistencia armada y la liberación de tanto sufrimiento.
Algunos campos y ciertas áreas dentro de los campos de concentración eran designados específicamente para mujeres. En mayo de 1939, los nazis abrieron el campo de Ravensbrueck, el campo de concentración más grande creado para mujeres. Más de 100.000 mujeres pasaron por Ravensbrueck hasta la liberación en 1945. En 1942, un campo de mujeres fue creado en Auschwitz (donde las primeras prisioneras eran las mujeres deportadas de Ravensbrueck). En Bergen-Belsen, un campo de mujeres fue creado en 1944. Miles de prisioneras judías de Ravensbrueck y Auschwitz fueron transferidas a Bergen-Belsen.
Todo el documental está atravesado por una mirada femenina sobre los horrores del nazismo. La solidaridad entre las mujeres para conseguir comida y las artimañas para ingresarlas de contrabando al ghetto. La preocupación para que los hijos no sufrieran. Las estrategias de maestras y madres para armar un kinder improvisado y que los chicos, en medio del terror, sigan educándose. La condición de mujer perdida: por la situación de cautiverio, las chicas no menstruaban. Y eso preocupaba a los médicos nazis, que así no podían seguir con sus crueles experimentos sobre los cuerpos de sus prisioneros.
También se registra el largo sufrimiento que significó la “marcha de la muerte”, cuando, ante la avanzada de los aliados, unos 3.000 prisioneros fueron trasladados desde Auschwitz a otros campos de concentración. Y el ingreso de las mujeres en las milicias de resistencia. Allí está la voz afrancesada de Micheline para contar su experiencia del otro lado de los campos nazis.
“Nos quitaron nuestra identidad, nuestra infancia, nuestra familia, nuestras vidas… ¡Todo!”, solloza en el documental Eugenia y lo vuelve a hacer cuando escucha su relato. “Una vez que nos liberaron, no éramos nada. Ni hombres ni mujeres. Simples fantasmas”, afirma Raia, la voz quebrada. “Después de tanto sufrimiento y tanta muerte, yo aprendí lo que es la vida. Aprendí a vivir”, concluye, tajante, Lea. La película termina. Y no hay en la sala una persona -callada, todavía inquieta, con algunos ojos enjugados en lágrimas- que pueda rebatir semejante afirmación.
Ni las mujeres ni los niños fueron salvados de las operaciones nazis de asesinato masivo. Las mujeres perecieron al lado de los hombres en los territorios soviéticos ocupados por los alemanes, las victimas de los fusilamientos masivos de los Einsatzgruppen (equipos móviles de matanza). Las mujeres, especialmente ellas con niños pequeños, eran a menudo las primeras de ser “seleccionadas” para gaseamiento en los campos de exterminio.
En los ghettos y los campos, los nazis detenían mujeres para realizar trabajos forzados. Los médicos nazis a menudo usaban las mujeres judías y gitanas para experimentos de esterilización y otros experimentos humanos inmorales. En los campos y los ghettos, las mujeres eran particularmente vulnerables al acoso y la violación. Las mujeres judías embarazadas a menudo trataban de ocultar sus embarazos o eran forzadas a hacer abortos.
los prisioneros del Sonderkommando usaron para volar una cámara de gas y matar a varios guardias SS en octubre de 1944. Otras mujeres participaron activamente en las operaciones de ayuda y rescate de los judíos en la Europa ocupada. Entre ellas, la paracaidista judía Hannah Szenes y la sionista Gisi Fleischmann, cuyo Grupo Trabajador (Pracovna Skupina) intentó parar las deportaciones de judíos de Eslovaquia.
Allí toda crueldad e infamia, toda bestialidad y aberración, toda atrocidad y todos los horrores, se habían dado cita para transformar el lugar en un verdadero infierno. Continuas muertes por enfermedades y por inanición, frío, fatigas agotadoras, escorbuto, disentería, traumas e infecciones. El pelotón de fusilamiento acribillaba a docenas a la vez contra un paredón forrado de caucho, para atenuar el ruido del disparo. En la plaza de armas, cinco personas subían a la banqueta. El verdugo les colocaba el lazo al cuello. Con una patada a la banqueta quedaban las víctimas suspendidas.
Auschwitz se había hecho famoso por la instalación de la primera cámara de gas, la cual comenzó a operar el día 15 de agosto de 1940. Lo que más se temía no eran las balas, ni las horcas, ni las cámaras de gas, sino los sótanos de la muerte, o “Bunkers”, por la lenta agonía, y el martirio enloquecedor del hambre y de la sed.
Por orden de Heinrich Himmler se empezó a construir el campo de Auschwitz II - Birkenau, en octubre de 1941. Éste -mucho más extenso que el campo central- comprendía 250 barracones de madera y de piedra. El número más elevado de presos en Birkenau ascendió en 1943 a aproximadamente 100,000 personas. Birkenau desde un principio estaba pensado como campo de exterminio. Allí también se encontraba “la rampa”, junto a la linea del tren, en la que se llevaba a cabo la selección de los recién llegados tan pronto como bajaban de los vagones en que venían apretujados como ganado.
En Birkenau se encontraban los Crematorios II al V (terminados entre el 22 de marzo y el 25 de junio de 1943), cada uno de ellos equipado con una cámara de gas, y donde, según los informes de las S.S., podían ser quemados 4,756 cadáveres diarios. Los primeros intentos de gaseamiento tuvieron lugar en septiembre de 1941, en las celdas de arresto del bloque 11, en el campo principal de Auschwitz. Más tarde, el depósito de cadáveres junto al Crematorio I se utilizó como cámara de gas. Debido al rendimiento limitado del Crematorio I y a la imposibilidad de mantenerlo totalmente en secreto, la S.S. se trasladó en 1942 a Birkenau, donde transformaron dos granjas situadas en un bosque en cámaras de gas. Los cadáveres eran transportados en ferrocarriles de vía estrecha a las fosas, que se encontraban a unos cuantos cientos de metros. Allí eran soterrados; sin embargo en otoño de 1942, los cadáveres fueron desenterrados y quemados.
Dado que esas instalaciones provisionales tampoco eran suficientes, se empezaron a construir en julio de 1942, las cuatro grandes “fábricas de la muerte” que fueron puestas en funcionamiento entre marzo y junio de 1943. Los propios presos fueron obligados a construir esos lugares de exterminio.
Muchas de las mujeres-guardias de la S.S. igualaban en crueldad y en dureza a sus colegas masculinos. Incluso competían por ser los/las más crueles en el trato con los presos. Especialmente temida era la jefa de vigilancia del campo de mujeres, María Mandel, que también tomaba parte en las selecciones.
Las mujeres física y psíquicamente se derrumbaban antes que los hombres, convirtiéndose por ello también antes en un “musulmán” (así llamaba la S.S. a los prisioneros que tenían un aspecto sumamente demacrado y ya no podían realizar trabajos duros). La media de esperanza de vida de las mujeres en el campo era en un 50% inferior a la de los hombres.
Sólo la esperanza de vida de aquellas mujeres que formaban parte de los “buenos comandos de trabajo” era superior (p. ej. en la cocina, en la sastrería, de asistenta en la familia del comandante, de escritora en la sección política, etc.) Todas las demás presas tenían que realizar, al igual que los hombres, los trabajos más penosos.
Las mujeres también estaban obligadas a prestarse a experimentos pseudomédicos. Destacaban especialmente por su crueldad los médicos Dr. Schumann (esterilización con rayos X), Dr. Clauberg (esterilización con preparados químicos, inseminación artificial de las mujeres, castración de los hombres) y Dr. Mengele (experimentación con gemelos, investigación racial en gitanos y enanos).
Musulmanes
A aquellas personas más abatidas y derrumbadas por la vida en el campo se las llamaba “musulmanes”. El musulmán era un ser humano abatido, derrumbado por la vida en el campo, una víctima del exterminio paso a paso. Se trataba de un preso que sólo recibía la comida del campo sin tener la posibilidad de “procurar” nada, y que perecía en el transcurso de unas pocas semanas. El hambre crónica generaba un debilitamiento físico general. Sufría una pérdida de musculatura, y sus funciones vitales se reducían al mínimo existencial. El pulso se alteraba, la presión arterial y la temperatura disminuían, temblaba de frío. La respiración era más lenta, la voz se debilitaba, cada movimiento significaba un gran esfuerzo.
Técnicamente era posible quemar diariamente en los crematorios a 4,756 cadáveres, sin embargo, sólo se trataba de una cifra teórica, en la que también se incluía el tiempo necesario para el mantenimiento y la limpieza de los hornos. De hecho, en los Crematorios II y III fueron quemados hasta 5,000 cadáveres; en los Crematorios IV y V hasta 3,000
Los presos temían el ingreso en la enfermería, puesto que tenían que contar con “la inyección letal”, incluso cuando sólo sufrían “una enfermedad leve”. “La inyección letal” significaba ser asesinado con una inyección de fenol de 10 ccm, inyectada directamente en el corazón. Las víctimas morían en el acto. Con ese método de asesinato se empezó en agosto de 1941. Las inyecciones de fenol en la mayoría de los casos las administraban los sanitarios Josef Klehr y Herbert Scherpe, así como los presos iniciados Alfred Stössel y Mieczyslaw Panszcyk. Los presos, al igual que los niños seleccionados para la inyección letal, tenían que presentarse en el bloque 20 del campo central. Allí se les llamaba de uno en uno y se les mandaba sentarse en una silla del ambulatorio. Dos presos sujetaban las manos de las víctimas, un tercero les vendaba los ojos. Acto seguido, Klehr introducía la aguja en el corazón y vaciaba la jeringuilla. Así morían entre 30 y 60 personas a diario.
cadáveres a diario. Cuando se sobrepasaba la capacidad de los crematorios, los cadáveres eran quemados en hogueras al aire libre. En el verano de 1944, durante la deportación de los judíos húngaros, la S.S. volvió a poner en funcionamiento el búnker II. En aquella época era posible asesinar y quemar hasta 24,000 personas a diario. Las cenizas de los muertos servían de abono para los campos, para el drenaje de pantanos, o simplemente eran vertidas en los ríos o estanques de las cercanías. Mujeres en Auschwitz Sigmund Gorson, judío sobreviviente de Auschwitz, lo llamó “un príncipe entre los hombres”:
“Yo nací en una familia preciosa donde el amor abundaba. Toda mi familia, padres hermanas y abuelos fueron asesinados en el Campo de Concentración, solo yo sobreviví. Para mi fue durísimo encontrarme solo en el mundo, en una situación de terror e infierno como se vivía en Auschwitz, y profundamente solo a la edad de trece años. Los jóvenes de mi edad perdíamos pronto la esperanza de sobrevivir y muchos se tiraban a los alambres eléctricos para suicidarse. Yo no perdía la esperanza de encontrar en esa masa inmensa de personas, a alguien que hubiera conocido a mis padres, un amigo o vecino, para no sentirme tan solo.
El régimen nazi decidió en 1942 recompensar a los prisioneros de los campos de concentración con sexo, razón por la que hicieron burdeles y obligaron a numerosas prisioneras a trabajar en ellos.En total, las SS abrieron diez burdeles, el mayor de ellos en Auschwitz, donde llegó a haber hasta 21 mujeres trabajando a la vez. El último prostíbulo fue abierto a principios de 1945, poco antes del fin de la guerra. Para estos centros no se reclutaba a mujeres judías,Sommer estima que fueron un total de 200 las mujeres que trabajaron como prostitutas en los campos nazis. “Se les prometía que iban a ser liberadas después de medio año si trabajaban en el burdel, pero estas promesas nunca se cumplían
Además, las prostitutas, la mayoría de ellas con poco más de 20 años, recibían más alimentos y recibían un trato distinto al de resto de mujeres. Estas jóvenes habían sido internadas en los campos de concentración bajo el pretexto de tener una conducta “asocial” o antisocial. A cambio, debían trabajar a diario entre las ocho de la tarde y las diez de la noche. “Los burdeles muestran otra dimensión del terror nazi, donde las víctimas de los nazis eran convertidas en criminales contra las mujeres”Los encuentros eran en todo momento supervisados. “Sólo se permitía la posición del misionero y sexo durante 15 minutos”
En Junio de 1940, y bajo la denominación “Campo policial de protección a la juventud”, se creó en Moringen un campo de concentración para jóvenes de sexo masculino. La edad de los internos oscilaba entre los 12 y los 22 años, y procedían tanto del territorio alemán del Reich como de los países europeos ocupados por tropas alemanas. Jóvenes perseguidos por causas sociales, raciales, religiosas o políticas fueron sometidos, bajo el terror de las SS, los trabajos forzados, el hambre y unos draconianos “métodos educativos”, a unas condiciones extremadamente inhumanas. Muchos jóvenes murieron a consecuencia de tales circustancias. Muchos fueron deportados a otros campos de concentración o esterilizados como resultado de “dictámenes genéticos y biológico-criminales”.
ABEL REYES TELLEZ
PRESIDENTE NACIONAL
PARTIDO SOCIAL CRISTIANO NICARAGUENSE PSC
HISTORIADOR Y TEOLOGO CRISTIANO
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